lunes, 28 de septiembre de 2009

Conversación a las seis de la mañana




En las dos caras de mi luna
cabalgan dos lágrimas en mis mejillas,
amazonas solitarias de las desventuras.
Ellas en su trayectoria
marcan el surco del dolor
con su trote raudo,
veloz
una tras otra.
Corceles indomables de la incomprensión
surcan la redondez de mi luna,
mojando mis pupilas negras,
cómo mi noche negra,
cómo suerte negra,
cómo mi amor negro.
Sí,
solas,
ellas cabalgan en mis mejillas,
marcan el adiós de mis deseos
de las palabras
y de las agonías del alma.

sábado, 5 de septiembre de 2009

¿Y QUÉ?


Éramos dos, los que dibujábamos filigrana a la natura.
Sin miramientos ni espantos sociales.
Solos los dos, convertíamos a las cabriolas
en vuelos de avanzadas galácticas de estrellas.
Nos amamos sin pensar en las diatribas,
las quejas de moral las dejamos para después.
Si rompemos el silencio de la noche.
¿Qué nos importa?
Son nuestras querencias el motivo de la vida.
Nuestras almohadas el confesionario.
Entonces, dejemos en el viento las ganas,
bebamos nuestra sabia de besos mutuos.
Donde el sabor penetre no la piel ni el vientre.
Que carcoma los huesos y las ideas.
Para que ambos sucumbamos a la agonía de los quejidos.