Conversación a las seis de la mañana




En las dos caras de mi luna
cabalgan dos lágrimas en mis mejillas,
amazonas solitarias de las desventuras.
Ellas en su trayectoria
marcan el surco del dolor
con su trote raudo,
veloz
una tras otra.
Corceles indomables de la incomprensión
surcan la redondez de mi luna,
mojando mis pupilas negras,
cómo mi noche negra,
cómo suerte negra,
cómo mi amor negro.
Sí,
solas,
ellas cabalgan en mis mejillas,
marcan el adiós de mis deseos
de las palabras
y de las agonías del alma.

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