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LOS AMORES AL CAER LAS HOJAS DEL TIEMPO



En la oscuridad de los amores
y cuando las hojas caen en tropel,
deja el silabario de murmullo en silencio
sus huellas invisibles.

Las manos puestas en el estante de tu cuerpo,
mujer que dejó de ser niña, 
inconsciente a las caricias.
Marca el tic tac de los amores las pisadas de la tarde.

No soy ni eres tú
quien marca mi destino.
Es la navaja del tiempo quien corta la distancia de los segundos.
Cacharro infernal de mi vida agonizante y vacía.

Tienes algo que me gusta,
en tus hojas arrugadas por los dedos 
y las caricias de cadenas rotas.
Rayones de la ilusión que nos marcan a todos.

Pedazo inconsciente.
Tú, llamado tiempo.
Abre las ventanas,
cierra las puertas y deja salir las lágrimas del amor.





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QUIERO HACERTE EL AMOR

Hoy quiero hacerte el amor,
en la desesperación de la inocencia.
En la rigidez de la palabra,
y en el temor de lo prohibido.

Hoy quiero hacerte mía,
donde solo existan tus quejidos.
Donde solo se escuchen mis deseos,
en la penumbra de mis labios.

Hoy quiero hacerte el amor,
y tenerte dentro de mi.
Dejando el fuego de la pasión
que nos queme en las cenizas de los deseos.

Hoy quiero amarte,
amarte en la locura que me consume.
La que rompe las formas y las ideas,
de querer como te quiero.

Hoy, precisamente hoy,
quiero hacerte el amor en la inocencia
de esta mañana fría y nublada.
donde los quejidos hagan brillar el sol.

Hoy mujer quiero hacerte el amor,
por que el mundo no se termina
para dos que hacen el amor.

MUJER

Hoy con tus ojos granos de hermosura te vi.
Te vi pasar por mi calle.
Hermosa y con el salero de mujer amada.
Hoy, precisamente hoy mujer te vi.
Trajiste a mi mente esos gratos recuerdos,
aquellos que junto a la ventana en noche
de luna llena y con olor a jazmín,
solo tú y yo conocemos.
Hoy te vi mujer para en la calzada de mi vida,
por donde tú sola sabes caminar.
Sí, más que una mirada te dirigí.
Eras mujer de esas tarde con esas noches,
de luna llena solo para mi.
Porque todavía este corazón sabe amar.

TOCANDO MI GUITARRA

Era la canción de la noche,
aquella que entonaba la tristeza.
La que escuchaba el corazón solitario
de la cigarra y el grillo.

Así eran mis pensamientos.
Díscolos y desatinados a tu llamado.
Deteniéndome en pequeñeces,
sin fijar las pupilas en tu sombra.

Deje el silencio de mis pensamientos,
al borde de tu respiración.
Recogí el fruto de mis plegarias.
Una mirada tuya.

Así llego la partida de los tiempos.
Cuando la guitarra sonó la última nota.
Era tu canción preferida.
Esa que solo un corazón puede tocar.
Un monologo eterno.
Un si en mi boca