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QUIEREME

Cuando el alma se mece junto a los designios de los dioses.
Las columnas de tus pechos no se inmutan.
La piel no se estremece con el suspiro,
y las ganas de apagan lentamente.

Al guardar los deseos en el baúl de las discordias.
Tus ojos se entristecen a la luz de la pasión.
Y desaparece el murmullo de las almohadas,
cuando se hace el amor.

En las guerras de las querencias.
Tu mano marca el sendero en mi espalda.
Y tu boca fija ancla en mis labios tembloroso de pasión.
Despertando las incógnitas galácticas del deseo.

Tu cuerpo, ese que como surco pretendo llenar.
Es el emblema de la guerra y los temblores.
Donde herido el deseo,

gime lentamente su muerte a la pasión.


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QUIERO HACERTE EL AMOR

Hoy quiero hacerte el amor,
en la desesperación de la inocencia.
En la rigidez de la palabra,
y en el temor de lo prohibido.

Hoy quiero hacerte mía,
donde solo existan tus quejidos.
Donde solo se escuchen mis deseos,
en la penumbra de mis labios.

Hoy quiero hacerte el amor,
y tenerte dentro de mi.
Dejando el fuego de la pasión
que nos queme en las cenizas de los deseos.

Hoy quiero amarte,
amarte en la locura que me consume.
La que rompe las formas y las ideas,
de querer como te quiero.

Hoy, precisamente hoy,
quiero hacerte el amor en la inocencia
de esta mañana fría y nublada.
donde los quejidos hagan brillar el sol.

Hoy mujer quiero hacerte el amor,
por que el mundo no se termina
para dos que hacen el amor.

MUJER

Hoy con tus ojos granos de hermosura te vi.
Te vi pasar por mi calle.
Hermosa y con el salero de mujer amada.
Hoy, precisamente hoy mujer te vi.
Trajiste a mi mente esos gratos recuerdos,
aquellos que junto a la ventana en noche
de luna llena y con olor a jazmín,
solo tú y yo conocemos.
Hoy te vi mujer para en la calzada de mi vida,
por donde tú sola sabes caminar.
Sí, más que una mirada te dirigí.
Eras mujer de esas tarde con esas noches,
de luna llena solo para mi.
Porque todavía este corazón sabe amar.

TOCANDO MI GUITARRA

Era la canción de la noche,
aquella que entonaba la tristeza.
La que escuchaba el corazón solitario
de la cigarra y el grillo.

Así eran mis pensamientos.
Díscolos y desatinados a tu llamado.
Deteniéndome en pequeñeces,
sin fijar las pupilas en tu sombra.

Deje el silencio de mis pensamientos,
al borde de tu respiración.
Recogí el fruto de mis plegarias.
Una mirada tuya.

Así llego la partida de los tiempos.
Cuando la guitarra sonó la última nota.
Era tu canción preferida.
Esa que solo un corazón puede tocar.
Un monologo eterno.
Un si en mi boca