lunes, 16 de febrero de 2015

QUIEREME

Cuando el alma se mece junto a los designios de los dioses.
Las columnas de tus pechos no se inmutan.
La piel no se estremece con el suspiro,
y las ganas de apagan lentamente.

Al guardar los deseos en el baúl de las discordias.
Tus ojos se entristecen a la luz de la pasión.
Y desaparece el murmullo de las almohadas,
cuando se hace el amor.

En las guerras de las querencias.
Tu mano marca el sendero en mi espalda.
Y tu boca fija ancla en mis labios tembloroso de pasión.
Despertando las incógnitas galácticas del deseo.

Tu cuerpo, ese que como surco pretendo llenar.
Es el emblema de la guerra y los temblores.
Donde herido el deseo,

gime lentamente su muerte a la pasión.


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